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viernes, 7 de mayo de 2010

Mercadillos y clases de italiano

Esta ha sido una semana de mercadillos en Barcelona. Debería dedicar una entrada a mi estancia en Londres atrapada por el volcán islandés, pero ahora mismo eso ya es agua pasada. Debo una entradita dedicada a mis cuatro días en Lisboa con Gema, pero lo dejaré para más adelante. Hoy me voy a concentrar en dos mercadillos barceloneses.

El primer domingo de cada mes, justo en la esquina de la Calle Tajo con Paseo Maragall (salida a Tajo del metro de Horta) se pone un mini mercadillo con objetos antiguos de todo tipo, desde libros hasta máquinas de escribir, cajitas, figuras, broches, ropa, son simplemente 3 o 4 paraditas pero tienes para entretenerte un buen rato buscando. Todo son objetos donados por personas particulares y los beneficios van a una ONG, con lo que hay verdaderas joyas de todas las épocas y a precios entre los 50 céntimos y un puñadito de euros. En mi última visita (el pasado domingo) con Eva me hice con una figurita de un cervatillo (2 euros), varias réplicas de latas antiguas (2 euros), tres libros (dos por 1 euro), un par de broches (50 céntimos cada uno), un espejito de bolso antiguo (1 euro) y 3 tacitas de té a 2 euros el trío. Una ganga la verdad.


Hoy he pasado la mañana con Celia en los encantes y nos hemos comprado unos libros de educación para el matrimonio de 1935, varias novelas de portadas que enamoran a primera vista y una muñeca sufragista pidiendo el voto femenino por dos euros. ¿No os recuerda a la señora Banks? Ha sido bautizada como Winifred al momento. La pobre ha quedado así por el flash, en realidad tiene mejor gusto vistiendo.


Después de las compras y de dar varias vueltas buscando sin éxito una tiendecita que recordábamos de hace más de un año, hemos ido al Dunkin Donuts a empezar las clases de italiano como está mandado, con un "police pack" (lo llamán así en serio), es decir, café y donuts. Io no parlo molto italiano, ma aspettare bambini.

martes, 16 de marzo de 2010

Ti amo Firenze!

Acabo de volver de un viaje a Florencia con mi amiga Gloria y hemos vuelto enamoradas de la ciudad. Casi sufrimos un Síndrome de Stendhal viendo el David y comiendo una deliciosa tarta de pera.

Nuestro vuelo de vuelta fue cancelado por huelga nacional y tuvimos que quedarnos un día extra, aunque lo aprovechamos al máximo porque nos avisaron un par de días antes y pudimos hacer más planes.


En el hotel había un ejemplar de Emma destrozado y abandonado y fue nuestra lectura de noches florentinas. La verdad es que nos enganchó como un culebrón venezolano, quizás por el acento que iba poniendo Glo al leer. Gracias a Emma y a nuestra terraza común con nuestros vecinos comedores de Activia (usaban la terraza como nevera) nuestras gélidas noches fueron más amenas, aunque hubiera que sumar algunos momentos de pánico vecinal.

La comida del viaje fue una de las grandes experiencias, en pocos sitios he comido mejor que en Florencia, la pizza de rúcula, la de tartufo con patata, los dulces en general, los gnocci de calabaza, los bocadillos... Un paraíso para cualquier persona vegetariana.

Era la primera vez que íbamos a Italia y estamos deseando aprender italiano, seguir descubriendo otras ciudades... Y volver a Florencia, por supuesto.