
He de agradecer a mi amiga Gisela el descubrimiento de las patatas bravas del Piper's Tavern. Nada que ver con esas tapas insufribles de patatas congeladas con pseudo-salsa. Hacía tiempo que no encontraba un bar con unas bravas tan buenas. El tartan de la puerta ya da ganas de entrar y una vez dentro te apetece probar todo lo que tienen en la barra, aunque por ahora yo no he pasado de las patatas.